Edgardo Alfonzo (der) y John Franco (izq) le presentaron a Mike Piazza la placa del Salón de la Fama de los Mets.

NUEVA YORK -- Con el ingreso de Mike Piazza al Salón de la Fama de los Mets, todos los íconos del equipo han sido inmortalizados. Casey Stengel, Gil Hodges, Tom Seaver, Jerry Koosman, Keith Hernández, Ralph Kiner, Dwight Gooden, Darryl Strawberry y ahora el mejor receptor ofensivo de todos los tiempos. Este es un grupo con gran talento y enormes logros.

Pero Piazza debería ser el último hasta algunos años después de que David Wright haya vestido el uniforme de Nueva York. Piazza estuvo en una clase aparte. Contaba con tremendo poder y como lo dijo Curt Schilling, "pudo superar lo mejor que yo tenía".

Sobre todo, Piazza supo crear grandes momentos.

Cualquiera pudo haber pegado el cuadrangular el 21 de septiembre del 2001 -- la noche del primer evento deportivo en Nueva York luego de los ataques del 11 de septiembre -- pero fue Piazza el que lo conectó, y ninguno de sus compañeros pudo haber hecho de un gran momento aún más inolvidable.

El impacto de Piazza con los Mets fue principalmente con su bate. Su trabajo en la receptoría fue por lo menos adecuado y sus tiros detrás del plato nunca lo llegaron a comparar con uno de los puertorriqueños hermanos Molina.

"Jugó lesionado y jugó fuerte", dijo el ex relevista John Franco acerca de Piazza durante la ceremonia en el Citi Field. Eso es cierto. Pero la inestable personalidad del catcher en ocasiones opacaba su impacto sobre el terreno. Gran parte de sus compañeros no sabían de qué genio estaba de un día al otro. Pero con tal de que bateara, nadie tenía el menor problema con él.

Al final Franco también puntualizó el sitio de Piazza en el Salón de la Fama de los Mets, al decir: "De todos los grandes miembros del equipo, él es uno de los que encabeza la lista".