La relativamente corta e increíble estadía de R.A. Dickey con los Mets comenzó discretamente y sin ceremonias. Evolucionó rápidamente y de forma imprevisible. Y terminó bruscamente y de manera poco popular.

Los Mets canjearon a Dickey en lo que podría ser el momento de máximo valor del nudillero. El movimiento no le cayó nada bien a muchos fanáticos, porque las aperturas de Dickey se habían convertido en eventos singulares en lo que ha sido, en general, un show decepcionante en el Citi Field. El traspaso se justifica y hasta me atrevo a decir que era necesario, dada la posición competitiva de los Mets y el creciente valor y futuro impredecible de Dickey.

Hay que recordar también que el canje que no hubiese sido posible sin la sorprendente abnegación por parte de Dickey.

Apenas tres años después de adquirir a Dickey en lo que parecía ser el final de su carrera (antes de que aprendiera cómo hacer de su nudillo un pitcheo confiable y devastador), un mes después de que fue nombrado el ganador del premio Cy Young en la Liga Nacional y un año antes de que fuera elegible para la agencia libre, los Mets le encontraron un nuevo hogar con los ambiciosos Azulejos.

Hay que elogiar a los Mets, entonces, por hacer lo correcto al vender a un alto precio y conseguir un paquete de prospectos con dos talentos de mucha promesa: Travis d'Arnaud y Noah Syndergaard.

Pero a la vez, hay que entender que los Mets deben estarles muy agradecidos a Dickey por la manera en que todo sucedió. Dickey no sólo supero las expectativas en su tiempo en Nueva York, sino que también aceptó una extensión de contrato con Toronto mucho menos lucrativa de que lo que indica el mercado. Eso permitió que el canje se concretara.

Tres años y US$29 millones. Ese es el monto por el cual Dickey firmó con los Azulejos, lo cual anuló el año y $5 millones que restaba de su acuerdo con los Mets. Aunque esa suma parece grande para personas como tú y yo, es una miseria para un lanzador élite.

Dickey tiene 38 años de edad pero los nudilleros envejecen bien. Ganó el Premio Cy Young en la Liga Nacional en el 2012, pero su historial no es tan impresionante. Esos factores se combinaron para hacer de Dickey un caso muy complicado a la hora de darle un contrato.

Pero éste sigue siendo un mercado sumamente lucrativo, especialmente en cuanto a pitcheo se refiere. Tomemos como ejemplo a Zack Greinke y del venezolano Aníbal Sánchez, cuyos números en las últimas tres temporadas son mejores que el promedio, pero no por mucho, y no se comparan con los de Dickey en ese tramo. Greinke y Sánchez recibieron $147 y $80 millones, respectivamente. Hiroki Kuroda firmó por un año y $15 millones con los Yankees.

Dickey obviamente pudo haber exigido más de lo que recibió cuando el mega-canje estaba pendiente. Aunque le quedaba un año para convertirse en agente libre, tenía muchas cosas a su favor. Pudo haber usado las 72 horas que se le dieron para explotar a los Azulejos o para derrumbar los planes de Mets.

En lugar de eso, la extensión se completó de manera ordenada. Toronto recibió un enorme descuento que, sea por cuestión de impuestos o conversión de moneda o de viajes, el club rara vez ha recibido en el mercado de agentes libres.

Es justo, entonces, reconocer que Dickey ha ayudado enormemente a los Mets con su reconstrucción.

Comprendo la frustración de los fans de Queens que no querían que Dickey se marchara y que aún no conciben que un equipo de mercado grande como los Mets se encuentre en una situación económica tan precaria que sólo pudo ofrecerle una extensión de dos años y $20 millones al ganador reinante del premio Cy Young.

Pero ante la realidad del club, el gerente general Sandy Alderson no tenía otra alternativa que hacer las cosas de manera prudente y proactiva. Dickey era una pieza atractiva para un cambio y a medida que el mercado de lanzadores fue tomando forma, su valor fue aumentando.

Se sabe que no hay garantías, pero tampoco es seguro que el nudillo de Dickey supere los efectos de su edad. Por lo tanto, para los Mets, valía la pena hacer este cambio.